viernes, 23 de marzo de 2012

Refresco de ciudadanía

         Hace unas semanas, vino la Policía a buscarme. La Policía Local. “Una multa”, pensé con cierta inquietud. Pero no. En realidad, el agente venía a hacerme un honor.

         Me ha tocado ser suplente 3ª del 2º vocal de mi mesa electoral el próximo día 25. Sí. Algunos pensarán que estoy pirada por alegrarme de semejante marrón —o engorro, en el mejor de los casos―, pero yo siempre me emociono en los días de elecciones y siento un gran reconocimiento hacia esas personas que colaboran para que todos podamos votar tranquilamente y conocer en pocas horas el resultado de nuestra decisión soberana. Me parece maravilloso ese “todos a una” que se produce con cada votación. Aunque te nombren el último posible mono de una más de las decenas de miles de mesas que pueden constituirse en una jornada electoral, el hecho tiene un gran significado.

       Y es que todos contamos. Todos somos importantes, aunque también seamos anónimos, modestos y discretos. Nuestra participación es necesaria y trascendental.

       No tendré —es lo más probable— que formar parte de la mesa, pero estaré disponible y lo haré con sumo gusto. Es estupendo vivir en un país democrático, porque, aunque necesitemos airear, refrescar, regenerar el sistema tanto como lo estamos necesitando en este momento, tenemos los medios para hacerlo. Civilizadamente. Pacíficamente. Democráticamente. Cívicamente. En otros lugares del mundo, no tan lejamos —ya todo está cerca—, la gente está muriendo hoy, ahora, por conseguir lo que nosotros tenemos. Los que pueden buscan refugio entre nosotros. También aquí y en otros países que nos precedieron y siguieron costó vidas y siglos. Acabamos de celebrar que hace 200 años supimos darnos una Constitución que nos cambió de súbditos a ciudadanos.

       Hoy somos más poderosos con votos, con participación, con organización, con compromiso cívico, con palabras, con ciudadanía, que con ninguna otra cosa. No necesitamos el desorden, ni la violencia. ¿A quién le convienen? Visibilidad, sí, por supuesto. Pero apoyada firmemente en la asunción de la responsabilidad individual y colectiva, el respeto a las reglas de juego, un discurso bien fundamentado, una acción positiva: capacidad real de influencia. Necesitamos pensamiento crítico, rebelión responsable, acción consecuente, iniciativa. Y también paciencia. Paciencia activa, es decir, constancia. Para recuperar lo que la distraída y traicionera comodidad nos ha hecho abandonar: nuestra soberanía. El poder ciudadano, la auténtica soberanía del pueblo reside en su capacidad de dejar de ser una masa informe y manipulable para constituirse en sociedad civil, dueña de su destino. Reconozcamos que hemos hecho dejación de ciudadanía y tomemos la iniciativa. Tenemos el sistema y los medios adecuados. Y somos muchos más. Un refresco, por favor.

viernes, 9 de marzo de 2012

Por favor, lean al Sr. Bosque, pero... háganlo sin prejuicios.

      Ante el tono y el contenido de las críticas que viene recibiendo el informe del académico de la lengua Ignacio Bosque, me pregunto por un lado si quienes tan acremente le critican se han tomado la molestia de leerlo y, por otro, si los que lo han leído lo han hecho libres de prejuicios.

      En cuanto a los primeros, sorprende la frecuencia y la facilidad con la que nos lanzamos a opinar —incluso vehementemente— sobre cuestiones de las que no sabemos lo suficiente. Cuando se trata de dar recomendaciones “autorizadas”, que incluso aspiran a ser normativas, esta ausencia de rigor resulta especialmente grave. Bosque señala en su informe que la mayoría de las guías de lenguaje no sexista analizadas por él “han sido escritas sin la participación de los lingüistas”. ¿Cómo es posible? Son guías elaboradas por universidades, sindicatos, organismos públicos,… Bosque viene a aportar la mínima documentación que deberían haber buscado los autores de dichas guías antes de escribirlas.

      Respecto a los segundos, algunos de ellos profesionales de la lengua, no puedo comprender que rechacen los argumentos del informe, presuponiendo una mentalidad retrograda en los académicos y despreciando su autoridad profesional, y defiendan un forzamiento del lenguaje que a todas luces lo empobrece; ni entiendo que, compartiendo como comparten la concepción de la lengua como un organismo vivo, confíen tan poco en nuestra capacidad como hablantes de aprovechar sus recursos de una manera natural, espontánea, creativa y respetuosa.

      “El propósito último de las guías de lenguaje no sexista —dice Bosque en su artículo— no puede ser más loable”. Yo también estoy plenamente convencida de la buena voluntad de sus autores. Pero el forzamiento lingüístico que propugnan solo conseguirá hacer aun más soporíferos los discursos oficiales, más incomprensibles las leyes y documentos institucionales, ilegibles los manuales de formación… Dudo mucho de que resuelva la violencia doméstica, equipare los salarios o lleve a más mujeres a los consejos de administración. Corremos, así, las mujeres, el riesgo de que se nos haga tediosamente “visibles”, aunque no estemos presentes, aunque sigamos sufriendo abusos, discriminaciones y ninguneos. Resultaría terriblemente perverso. No pensaremos ni actuaremos mejor hablando peor. La lucha está en otros frentes.

      Dejemos vivir al organismo. Cambiemos de verdad nuestra mentalidad y nuestra realidad y, de forma natural, se amoldará nuestro lenguaje. Así llegará un momento en que ni “gobernanta”, ni “asistenta”, ni “médica”, ni “jueza” nos sonarán  despectivos, porque no tienen por qué serlo, y en que palabras como “coñazo” y “cojonudo” —sexistas hasta la médula— estén a punto de salir del diccionario por desuso. O —¿quién sabe?— quizá hayamos incorporado equivalentes feministas. Efectivamente, la lengua es el resultado de nuestro uso. Y, lo queramos o no, termina por retratarnos. Cuidémosla un poco y ella cuidará de nosotros.[1]

      Por favor, lean el informe de Ignacio Bosque. Léanlo sin prejuicios. Es muy oportuno. Está bien escrito. Se comprende. No es gris. Y no es, en absoluto, sexista.



[1] Ángel Gabilondo esta mañana en el programa de Juan Ramón Lucas en RNE: “Se empieza descuidando el lenguaje y bien pronto se acaba descuidándose uno de sí mismo y de los demás".
Nota: La imagen que ilustra esta entrada está tomada de Google. Me gustaría reconocer su origen, pero lo desconozco, pues aparece en diferentes blogs.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Muchos mundos en uno: Notas al hilo de PROFELE

      Los pasados 26 y 27 de octubre asistí a la segunda edición de PROFELE, Foro de profesores de español como L2. Lo organizan Eva Bravo, Christoph Ehlers y Lola Pons, de la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla. El propósito del Foro es orientar a los futuros profesores de español sobre “cómo acceder a la profesión y todas las posibilidades laborales de la enseñanza del español en el mundo”. Fui con la idea de encontrarme con antiguos compañeros y profesores y de sondear la actual situación laboral en el exterior. Con especial interés, naturalmente, por lo que pudiera decirse sobre el español para los negocios. Las mesas las componen profesionales experimentados en su mayoría, pero los organizadores tienen el acierto de invitar igualmente a jóvenes profesores, cuyas primeras experiencias e impresiones como lectores o asistentes de conversación también resulta muy interesante escuchar.



       Al repasar mis notas, me doy cuenta de que sugieren todo un mundo de temas, cada uno de los cuales podría desarrollarse en cierta extensión. Por el momento, me gustaría simplemente recoger aquí una pequeña síntesis de algunas de las ideas que se expusieron y que me parecen relevantes, así como alguna incipiente reflexión personal. Relaciono y comento brevemente esas ideas a modo de improvisado reporte personal en bruto:

-Varios participantes pusieron de manifiesto la necesidad de estar atentos a las necesidades de los alumnos. Algo que, por obvio, conviene recordar de vez en cuando para no perder la perspectiva en el ajetreo diario.

-El profesor ha de tener vocación de comunicar (Antonio Orta, de CLIC). Esto me parece absolutamente fundamental. Y no es algo que, en general, se cuide ni en nuestro sistema educativo, ni en nuestra práctica de comunicación social, en general. A pesar de la potencia de nuestra lengua, comunicamos bastante mal. Nos conviene remediar esto cuanto antes.

-Autoformación (Antonio Rodríguez, de CIEE).  A partir de la experiencia, de la reflexión sobre la propia práctica y del estudio personal: a veces acumulamos cursos y más cursos que realmente no nos han calado a fondo, sencillamente porque nos falta la reflexión detenida  e incluso la discusión y el intercambio de ideas con los colegas y formadores.

-Estilos de aprendizaje y lenguaje no verbal (Antonio Orta).  La atención a estos dos aspectos, tanto en el alumno como en nosotros mismos como profesores, la capacidad de captarlos, interpretarlos y utilizarlos adecuadamente en nuestra propia comunicación constituye, a mi modo de ver, una potente herramienta en nuestra práctica como docentes.

-Buscar la seducción, más que la motivación, en el aula (Antonio Rodríguez). Lo encuentro un interesante planteamiento, que merece, cuando menos, una —otra vez— reflexión pausada. Me hace pensar en la Retórica y su función persuasiva.

-La enseñanza a inmigrantes rompe todos los esquemas y teorías pedagógicas.

-En las clases multiculturales, no hacer concesiones en cuestiones de derechos humanos (Carmen Baldrich, del CAR-Sevilla). Por ejemplo, no aceptar actitudes machistas.

-Gran labor de los profesores que trabajan con inmigrantes. Su tarea no es simplemente humanitaria, lo que de por sí es loable, sino que es también de construcción social. No sólo beneficia a aquellas personas a las que atiende, sino que genera activos en forma de capital humano para nuestra sociedad. No estoy segura de que este aspecto se comprenda completamente ni por los ciudadanos ni por los responsables políticos. Creo que sería necesaria una mayor conciencia de ello y, a continuación, una actuación en consecuencia. En mi opinión, hay que darles oportunidades, pero también exigirles responsabilidad, convertirles en auténticos ciudadanos. La gran cuestión es si nosotros mismos sabemos serlo.

-El MCER pierde fuerza referencial cuando nos enfrentamos a las particularidades de estudiantes de culturas y lenguas muy distantes a las nuestras, como los chinos.

-La flexibilidad a la hora de valorar la competencia profesional en Estados Unidos. Un aspecto extremadamente positivo, a mi modo de ver, del que nuestro rígido sistema debería tomar nota.

-Evaluación: asignatura pendiente. Falta sistematización, por un lado; la que hay no funciona con determinadas culturas y, por otra parte, no resulta conveniente quedarse muy apegado a la rigidez del sistema. Es realmente difícil establecer un sistema objetivo, pero flexible, que tenga en cuenta las circunstancias particulares de cada caso. Pero es todo un reto y hay un gran trabajo por hacer en este sentido.

-Español para los negocios y con fines específicos: Se señaló en varias ocasiones y por distintos intervinientes la importancia y la necesidad de desarrollo de esta especialidad. Constaté una vez más la gran distancia que aún hay en nuestro país entre el mundo académico y el empresarial. Igualmente, un gran reto. Y de los urgentes.

lunes, 10 de octubre de 2011

La emoción de una nueva empresa.

   Inicio este blog con emoción, la emoción de un proyecto nuevo largamente acariciado; una pequeña empresa, que no oculta su aspiración de crecer, consciente de la importancia de hacer un uso equilibrado de luces largas y cortas; quiero hacer confluir aquí los tres ejes que articulan mi actividad profesional: empresa, lengua y cultura.
   La lengua, una de las grandes creaciones humanas, el instrumento de comunicación por excelencia, soporte de nuestro pensamiento.
  La cultura, receptáculo de valores, positivos y también negativos (¡ojo!); indeslindable de la lengua. En palabras de José Antonio Marina, mi filósofo de cabecera, "la cultura es ante todo un conjunto de creaciones de la inteligencia humana que nos ayuda a vivir. Más que un adorno, es un salvavidas" (Crónicas de la ultramodernidad. Anagrama. 2000), "el modo de hacer habitable la realidad."
  La empresa, el impulso creador, el reto, los objetivos, los ideales en marcha, el esfuerzo.
   Las tres tienen en común una fantástica cualidad: son creaciones que crean, nos están cambiando y configurando mientras las llevamos a cabo. De nosotros dependerá cuál sea el resultado.

   El título, empresas en español, tiene varias resonancias:
   -Se refiere a las empresas que trabajan, invierten o desarrollan proyectos en España u otros países de habla hispana (o desean  hacerlo) y, consecuentemente, están interesadas en la lengua y la cultura hispánicas.
   -La palabra "empresa" se hace también eco de su acepción más clásica y -si se quiere- literaria de tarea ardua y difícil, que requiere esfuerzo, grandeza y altura de miras.
   -Cierro el círculo con la alusión a la necesidad imperiosa que tenemos en este momento en nuestro país de ser emprendedores, de crear y acometer empresas, de apoyarlas y, también, de revisar algunos conceptos apolillados, superar muchos prejuicios y modificar actitudes. Refrescar nuestra mirada para encarar el futuro con energía.
   Mi empresa personal tiene que ver con todo esto: con cuidar, difundir  y mantener vivas nuestra lengua y nuestra cultura para nosotros mismos y con invitar a otros a compartirlas y disfrutarlas. Ello implica hacerlas rentables y productivas en su más amplio y mejor sentido. Por eso acometo proyectos culturales, por eso enseño español.

domingo, 9 de octubre de 2011

Una nueva empresa

     Mañana, 10 de octubre de 2011, inicio esta nueva empresa. Tengo ilusión por lo que hago, inquietud por lo que vivo y cosas que decir, de modo que espero perseverar. Y también interesar. Animo a todos los que lo deseen a dejar sus aportaciones. Doy por supuestos la corrección y el respeto. Solo pido que se firmen los comentarios. No me gusta el anonimato en la red.
     Muchas gracias y saludos.